Todo tiempo pasado bla, bla, bla
Insisto: no hay peor época para ir al cine que las vacaciones escolares. Ello, básicamente, porque el arsenal de títulos mediocres que llega a la cartelera no deja espacio para la inteligencia; por cierto, capacidad que, de acuerdo con los ejecutivos de los grandes estudios de Hollywood y de cualquier compañía que provea entretenimiento, nada tiene que ver con la diversión. Craso error.
Como quiera que sea, lo que luce la cartelera es lo que hay. Y la temporada luce deprimente: Encuentro explosivo, Cartas a Julieta, El príncipe de Persia y ahora Son como niños (Grown Ups), cinta de Dennis Dugan, el mismo de No te metas con Zohan, que se devuelve sobre un tema que la meca del cine ha explotado hasta la saciedad: el reencuentro de un grupo de amigos que llevan décadas sin verse. Eso es todo, sin nueva propuesta, sin originalidad, sin nada más que una sucesión de gags que, además, no hacen más que reproducir los chistes de siempre: '¿Ésta debe ser tu madre? No, es mi esposa'. Chistes, usted sabe, cargados de doble sentido, contenido sexual y tono escatológico.
La superficial cinta comienza con el final de un campeonato de basketball intercolegial a finales de los años setenta. Pasadas tres décadas, los integrantes del equipo ganador se reúnen en el funeral de su entrenador. Está claro, por lo predecible de la historia, que la primera media hora de proyección se va en el encuentro de los viejos amigos (con las críticas de siempre) y las presentaciones de sus respectivas familias.
Al más exitoso de ellos, un productor de Hollywood que encarna con desgano Adam Sandler, también co-escritor del guión, se le ocurre alquilar una casona de campo para que todos pasen con sus familias un fin de semana largo a la orilla de un lago.
Lo que sigue, además de la forzosa alianza automática entre las mujeres y los hombres de la trouppe, son los enredos, malentendidos y estúpidas peripecias de este grupo de 'loosers' que el guión insiste en revelar como gente buena, o lo que es lo mismo decir, asimilada a los valores de una sociedad que sólo espera de sus ciudadanos una alta cuota de éxito económico capaz de convertirlos en obsesivos consumidores de todo cuando venda el establishment.
Son como niños no parece más que la confirmación de lo fácil que es ganarse un sueldazo en Hollywood, y que así lo digan Kevin James, Chris Rock, David Spade, Rob Schneider y el propio Sandler. En cuanto a Salma Hayek, me pregunto: ¿Hasta cuándo le durará el físico para comenzar a mostrar que es más que una sensual actriz latina?